viernes, 2 de octubre de 2015

Las estrellas y la tierra

Llegó extrañamente, casi de manera inaceptable, como un cálido viento pero que es soplado desde el norte. Y aunque al principio era apenas imperceptible, pues era tan solo una ligera brisa, terminó convirtiéndose en un gran huracán, levantando todas mis pasiones, dejándome desnuda y con toda mi sensibilidad a flor de piel. Arrancó mi casa, sí, todos esos pilares que tanto me había costado construir pero no me dejó sola, se quedó conmigo.

Ahí en mi desnudez, pero acompañada del murmullo arrullador de ese viento, que no maltrataba sino que acariciaba mi piel encontré tiempo para pensar en cuanta había hecho, en cuánto me quedaba por hacer.

Mi cuerpo ya me daba la respuesta que yo tanto tiempo había negado, porque tras el huracán quedé yo en la tierra con mi desnudez y al mirar hacia arriba las estrellas me parecieron frías y por vez primera comprendí que jamás las alcanzaría por mucho que yo las desease. Sin embargo la tierra... ella sí que cumple sus promesas. La tierra me brindó su calor, un nuevo hogar entre sus cuevas, paraísos a explorar por toda su geografía. Ah! sí. La vida en la tierra no es tan etérea, tan perfecta ni armoniosa como en las estrellas prometidas pero es real, tangible, y lo real aunque aspero y doloroso es infinitamente más hermoso que la continua tortura de lo inalcanzable.

Está bien mirar a las estrellas, pero a poder ser tumbada desde la tierra. Soñar con perfecciones lejanas, divagar, tener fantasías, sí, pero no vivir en ellas porque nuestro cuerpo está irremediablemente ligado a la tierra, y ésto es, pese a lo que podamos creer, el mejor de los mundos posibles.

Y sí, de amores va la cosa, y de promesas, de esas que vienen siempre con los anhelos hacia el ser amado, pero sobre todo va de la resistencia humana y de su empecinamiento.

Ah... podríamos haber tenido las estrellas... o quizá el hecho de que yo tuviese fe en ese "podríamos" era lo que me estaba creando esta tortícolis. Tras todos estos años he comprendido que las estrellas siempre seguirán distantes, bellas y admiradas, pero lejanas. Demasiadas estrellas fugaces me han robado mis anhelos. Cansada de los cielos regreso a la tierra, dónde se encuentra mi lecho, dónde me siento extraña tras todos estos años de ínfulas de astrónoma.

Oh vida mía! no eres "mi cielo", eres "mi tierra"

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