Nuevo año, vieja vida.
2013 suena a: "el año de la destrucción". De todos modos la destrucción no tiene porque ser algo negativo. De hecho teniendo en cuenta que es uno de los preceptos por los que se guía mi vida debería tenerle no sólo más respeto sino también anhelarlo.
A fin de cuentas la destrucción es necesaría para el resurgimiento, del mismo modo que es necesario dejar caer las hojas en otoño para que puedan los árboles florecer en primavera.
Así pues contra todo pronóstico le planto una feliz cara al nuevo año. Me voy a dejar de propósitos porque adoro mi vida, así pues si pretendo reforzar lo que más amo en este mundo: viajar.
Tengo muchas ganas de volver al camino. y tengo más ganas aun de perderme en el mundo y de hacer el viaje más grande que me sea posible. Así que empezaré los preparativos para el camino grande: el camino de Santiago. y esta vez entero: de principio a fin (y si hay ganas hasta Finisterre).
Y mientras estaba estudiando un poquito de geografía para empezar los preparativos he leido algo que me ha conmovido:
Ponerse en Camino, hacer la experiencia del Camino, es como adentrarse en el desierto - el exterior y el interior - y caminar desnudo. Al Camino se llega con lo que eres. Nada más. Y se avanza, la mayor parte del mismo en silencio. Sin preguntar casi nada. Sin preocuparte por lo que no es esencial. A veces se camino con los ojos cerrados y, sin embargo, no se encuentran grandes obstáculos. En el Camino casi todo está por estrenar. Sólo existe una especie de ley implícita: camina aun con paso cansado. Fíate.
En el Camino hay agua: el que regala el suelo y, sobre todo, la lluvia. La lluvia en el camino es como una fiesta. Una gran fiesta que alegra el corazón en lo profundo. Esto apenas se puede entender cuando no peregrinas. En la ciudad todo tiene un precio y lo gratuito apenas se valora. En el camino es sorprendente y grandioso escuchar el ruido de los manantiales, las fuentes y la lluvia rugiendo y estallando sobre el suelo: nos recuerda una y otra vez que el mundo aún puede caminar con ritmos de belleza no aprendidos.
El principal alimento del Camino es la esperanza de lo nuevo, de lo que oculta y, sin embargo, se hace presente allí donde el corazón es capaz de ver mucho más allá y más en profundidad que la simple lógica de la razón.
El camino fracés o la ruta de las estrellas, es el Camino de Santiago por excelencia. Partiendo de Saint Jean Pied de Port, es un viaje de casi 800 kilómetros hacia el oeste, con la Vía Láctea que acompaña desde el cielo y la esencia de una ruta milenaria desde la tierra.
No se puede o no se debe describir, es el peregrino el que, paso a paso, debe descubrirlo recreándose en los paisajes y rincones tan diversos que se ofrecen a lo largo de todo el camino; extasiándose en la contemplación de las milenarias y enigmáticas piedras que jalonan las rutas y que conforman ese sinnúmero de calzadas, puentes, ermitas, iglesias, catedrales, monasterios..., y que no son otra cosa que la huella que dejaron nuestros antepasados, cuya meta era alcanzar la eternidad, allá en el "fin de la tierra".
Finalmente disfrutar de la bondad y hospitalidad de sus gentes, cuya cultura, costumbres y exquisita gastronomía sorprenderán permanentemente al sufrido caminante.
"Las puertas del Camino se abren a todos, enfermos y sanos. No sólo a Católicos, sino aun a paganos, a judíos, herejes, ociosos y vanos; y más brevemente a buenos y profanos"
Tenia pensado hacer un comentario sobre éste texto pero la verdad creo que al menos ahora, nada puedo decir y que ésto no suene redundante o desmerecedor. Así pues que comience la aventura.
PD: creo que el texto pertenece a R. Berzosa (O al menos la primera parte) pero de verdad ignoro si esto es cierto pues aun no tengo puente fiables.