Jamás confundiría la pasión con el amor, sin embargo hay en medio de ellas un puente; la seducción; que en muchas ocasiones me hace sentirme perdida.
En cuestiones de pasión prefiero seducir a que me seduzcan, sin embargo en lo que al amor se refiere, prefiero ser seducida.
y a veces me pregunto si no remitirá en eso la diferencia. Desde luego que no. No solo porque ello me haría ser la persona más cruel del mundo, después de todas estas provocaciones. Sino porque muchas veces seducir tiene como objetivo que el seducido se digne a seducir para seguir siendo seducido.
Todo esto es muy confuso.
El lugar dónde algunos de los pensamientos que pueblan mi mente, dejan constancia, aunque sea de manera desordenada e incoherente.
sábado, 25 de octubre de 2014
martes, 14 de octubre de 2014
Pérdida del absoluto
¿Por que cada vez que rozo el absoluto con la punta de los dedos este termina escapándose de entre mis dedos?
Siempre que parece que me acerco al fín de esa eterna búsqueda en la que me encuentro continuamente perdida, a causa de la insatisfacción crónica que padezco que no es más que la demostración de el amor tan solo posible en cuanto que incompleto todo termina destruyéndose de maneras ya repetidas hasta la saciedad.
Por una parte parece que tengo cierta tendencia a sabotearme o peor aun, mi insatisfacción crónica, mi eterna búsqueda, es lo que me conforma, y es la búsqueda mi asidero existencia por encima de la finalidad de esta, por lo tanto cuando todo parece resuelto, vuelvo a sentir esa extraña motivación, esa inexplicable necesidad de abandonarlo todo y emprender la búsqueda de nuevo. Lo peor es que no es porque no me encuentre satisfecha con el fin, sino porque parezco necesitar la incertidumbre de una búsqueda absoluta del absoluto, sin absoluto que buscar.
Paradojas que tiene una.
Pero esta vez no ha sido ésta la cuestión que ha hecho que el absoluto huya de nuevo de mi.
Hay otro tipo de ocasiones en las que el própio absoluto se esfuerza por demostrarme su incapacidad para permanecer en el tiempo, su incapacidad de amarme, puesto que aunque absoluto, el amor es un absoluto incompleto.
Y esto también es culpa mía, porque cuando la estabilidad se consigue, y esto se hace a través de la aceptación de la mera contemplación, y la contemplación es asombro ante la belleza y el éxtasis y la sublimación que de ella devienen, mi ser parece que no puede contentarse con ello. Bueno en realidad sí, pero sólo si la belleza es inmutable, cosas que desde luego no es, puesto que todo, hasta la belleza entendida como absoluto, es dinámico. En ese dinamismo a veces la belleza, deja de ser un ideal para convertirse en algo tángible, y claro, mi débil alma humana pierde su equilibrio y necesita beberse toda la belleza, poseerla, abandonar la contemplación para absorver la posible materialización que ante ella se ofrece.
Pero esto es muy peligroso. Pues cuando la contemplación se abandona, vuelve la débilidad, u se abre un flanco al dolor. Dolor que el propio dinamísmo de los absolutos de la belleza y del amor en su incompletud por culpa de la incapacidad humana de ser uno con el absoluto sin perderse a sí, proveeran a este débil espíritu vulnerable sin el poder de la posición de la mera contemplación.
viernes, 3 de octubre de 2014
De narcisistas va la cosa
El tema vuelve una y otra vez aunque sea con distintas imágenes, sin embargo ¿Por que negarlo?, de narcisistas va siempre el asunto.
Porque los narcisistas nos rodean, porque en el fondo todos somos un poco narcisistas y porque los narcisistas me fascinan de sobremanera.
¿Por qué no puedo controlar semejante atracción hacia tan despóticos antiheroes?
Jamás he tenido la más remota idea sobre cuál puede ser la respuesta a esto, pero llegó la hora de zanjarlo. ¿Como? pues a través de la indagación en conjunto con la única persona que se siente tan atraida hacia ellos como yo: La señorita de los zapatos de charol.
Esta señorita que vive en las nubes, afirma fervientemente que yo soy tan narcisista como aquellos en cuyo egolatrimo me sumerjo. Si al final todo va a ser una lucha de egos.
Supongo que mi presencia le es grata a esta señorita porque realmente me percibe como tal.
Lo que tengo presente es que también ella, pese a negarse, es una de las mayores egolatras que conozco. Pocas femmen-fatales son tan conscientes de lo maravillosamente bien que juegan con la pobre timidez e inseguridad de los
Todo se reduce a relaciones de poder, a luchas, a duelos; dónde el amor duele, y, el dolor ajeno satisface.
Y en búsqueda de respuestas, o al menos de la exposición de las preguntas que sobre ello nos rondan vamos a escribir un libro. ¿Quién sabe? quizá ilustremos a alguien. (La verdad es que la idea de escribir un libro en si es realmente de la clase de egolatrismo que tanto nos trastorna)
Así pues una vez la señorita de los ropajes de colores ocres me dio la afirmación ante mi proposición de conjunta escritura, me sentí, lo que creo que ha de ser lo más cercano a que te acepten una proposición de matrimonio.
Esa misma noche en una calle solitaria, agarré sus manos y le susurré:
Todo lo que somos fuimos y seremos, cada paso de los que el destino ha marcado para que nos encontremos, conozcamos y retroalimentémos tenía como finalidad este momento, este sublime instante en el que concebimos nuestra próxima obra como en hijo en espera que ya es, como el gran momento de comprensión de nuestros seres recíprocamente.
¡que gran y sublime expresión de nuestro narcisismo, conformado en gran parte debido al narcisismo de los demás, acto que no es en sí para nada narcisista!
De narcisistas va la cosa
Aunque la cuestión es en realidad, quienes son los verdaderos narcisistas.
Tendreís noticias de nuestro libro... o no.
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