sábado, 26 de octubre de 2013

Hablaré con el atardecer

En una hermosa mañana de otoño, puedo verlo todo con más calma, aunque me encuentro ante la misma pregunta, que no tiene respuesta, que es un sentimiento, que no puede ser explicado. Pero ahora no me parece tan... urgente quizás.

Después de dos noches enteras sin dormir, tan sólo escribiendo poesía, deseando no volver a escribir nunca más, pero sonriendome amargamente al pensarlo, sabiendo que eso sería imposible.

Después de haber continuado la eterna historia del Tea tree oil, tan importante para mi, tan estúpida de contar, tan carente de sentido, y tan necesaria para entender mi vida.

Tras encontrar anotaciones en un libro releído una y mil veces.

Tras conmoverme con una epístola de la que yo no era destinataria.

Escuchando patéticas, sinfonías, y segundos movimientos sin haberme dignado a escuchar las primeras partes.

Viviendo sin vivir, pues adolezco de la mortal enfermedad de estar viva.

Y no sé cómo sentirme al respecto, puesto que desde que sin afán de búsqueda, con desgana y lentos dedos palpando las formas del mundo reencontré aquello, tan insignificante a ojos de cualquiera, tan intexpresable en palabras, tan estúpido y carente de sentido. Desde entonces la vida se desmorona a cada paso que doy, con un único deseo, con un único sentido, con una locura incontenible.

Siguiendo flechas que no puedo alcanzar. Esperando al tiempo, al espacio, a la apatía, pues la emoción es demasiado insoportable cómo para seguir viviendo si he de abandonarla.

Y si no puedo dar rienda suelta mi deseo, ni tampoco dejar a mis lagrimas fluir. Entonces no quiero ésta vida. Porque el anhelo es más grande que la esperanza y que el miedo.

Pero en una mañana de Otoño decido cargar de nuevo mi mochila e ir a hablar con en atardecer desde lo alto de una montaña, espero reencontrarme con mis lagrimas, que me han abandonado. Espero que mi pecho pueda volver a albergar el amor sin sufrir. Y dejaré al designio de la noche la elección de si volveré o no.

sábado, 19 de octubre de 2013

¿el arte de redimirse o redimirse en el arte?

Y vuelve de nuevo la reflexión, pero creo que esta vez algo más acertada aunque algo incongruente.
¿porqué la necesidad de redención?

La redención es absurda, no hay salvación, no hay perdón posible, la venganza es indiscriminada, cómo la ira, y tras ellas la necesidad de perdón y culpa. Pero esta necesidad no tiene ningún sentido. Al igual que la motivación que causó la necesidad de la explosión no se planteó los alcances morales de sus acciones, la respuesta tampoco habría de someterse a ese rasero, pero lo hace.

Nada puede limpiar nuestras faltas. Y la tortura que conlleva la autodestrucción no es más que una estúpida forma de eterno retorno de la redención. Ni que decir queda que la tortura para redimirse de la tortura misma es necesariamente eterna, por la tanto el sentimiento de redención jamás podrá ser satisfecho esto es: la necesidad es de tortura no de redención, pero claro es mucho más difícil aceptar eso. y nos faltaría una pieza en el puzzle.

¿que queda entonces? pues la amoralidad o la aceptación de la inmoralidad, pero ambas nos devuelven al mismo punto. ¿Acaso no hay posibilidad de salvación?

El decadentismo nos lleva a esto, pero es mentira. Ni el existencialista más decadente de todos los que abogan por la inmoralidad (o una falsa amoralidad) se salva del hecho de abogar por algo. ¿cómo se redimen? En su propio arte.

Escritores, pintores, músicos, escultores de la decadencia, incluso los simples charlatanes que beben del sofismo para poder abogar por la inmoralidad. Todos hacen arte para redimirse no para vanagloriarse.

Es el doble espejo de las artes. El artista está solo cuando crea, y después muestra su desnudez, y se regodea en el impacto y en la incomprensión de dicha obra pero no por ello moraliza. El arte es el ciclo último del decadente pues al no soportar la existencia le da la vuelta a la vida, así pues en la vida primero se muestra y después viene la reflexión en soledad. ¿quizá esto sea mucho más doloroso e insoportable?

Por ese mismo motivo somos también grandes consumidores de arte, de desgracias ajenas, esas que tanto nos gustan y nos impactan ya sean por ser reprobables o deseables.

La tortura final del artista es siempre sentir la redención en el proceso creativo en el trabajo y la tortura última en la muestra de su alma para finalmente cumplir el cupo de dolor por el "pecado" y sentir con ello esa falsa sensación de redención que critíca en su propia obra.

Querría decir más cosas al respecto, pero ya me redimí hace tiempo

aunque claro no hay ya posibilidad de salvación.

viernes, 11 de octubre de 2013

Mucho escrito en mucho tiempo sin escribir

El camino fue la experiencia más sumamente sublime de toda mi corta existencia, un nuevo ser surgió, libre de todo el pasado, pero teniéndolo muy presente. con libertad, humildad (por una vez en la vida), rebosante de amor, hacia el mundo, hacia uno mismo, con asombro por el mundo y por los mundos. Con la pureza de la esencia más profunda, descarnada, desnuda, sobria y amada. Con el arte, con la pasión nunca perdida por las palabras, con la fascinación por los colores con la música del universo. Con el respeto por el amor, por el silencio y por la verdad.

Pero desde que volví al mundo, a este mundo que me dicen que es el real pero que mi alma se atreve a cuestionarlo, me encuentro muerta. El mundo me mata y trata de llenarme de mierda, de podredumbre, de cínica incomprensión, del absurdo del odio y de la absurdez del ego, ese que habría de callar cuando se encuentra con algo incorrupto, pero no lo hace y lo único que intenta es corromperlo.

Mi propio ego también ha vuelto ¿para que negarlo? eso iría contra la poca pureza que se adhirió a mi ser y todavía resiste a los golpes del mundo, ensangrentado, sin piel que la recubra, pero al fin y al cabo un corazón que pese a todo sigue latiendo, bombeando sangre, y no se para aunque se estremezca después de cada latigazo.
Pero mi ego, aunque presente, se presenta y se representa de diferente manera. Ahora lo hace desde una pureza corrupta por incorrupción. ¿paradojas? ¡cómo no!.
Voy a desarrollar esta idea que acabo de concebir tras leer detenidamente mis propios escritos:

Estoy tan sumamente cansada de  trabajar para hacer bien las cosas, para estar dentro de la coherencia, para ocultar mi locura, y mi ser. Tan cansada de hacer cosas bonitas, tan asqueada de lo se supone que tendría que ser, tan enferma de no poder estar enferma, tan cansada... ¿y para que? ¿Para que cuando mis corazas desfallece y alguien puede ver un poquito de lo que hay salga huyendo desaborido y asqueado por no poder soportar la verdad? pues me niego, y llevo ya un tiempo negandome. Ahora vomito hasta mis tripas, escupo todo, el vomito sale fuera, y deja de hacerme daño, aunque aun huele. Y así no hay temores, me cargo el miedo, y de paso me deshago de los esquiroles. ¿cómo funciona mi ego aquí? muy sencillo Sí eres capaz de ver mi mierda y aun así no me juzgas adelante. y si ya te la muestro de antemano, no tengo que estar preocupada de que un día la descubras.

Se vive más tranquila la verdad.

Aunque sea hacer trampas.
pero eso es lo que hace el ego, trampas. y ahora hago trampas al mundo siguiendo las reglas de mi propio juego. Sin violarlo con la mentira, solo lo que hay. Y quién se asquee pues que vomite.

Hasta hace un par de semanas no he podido escribir. primero porque estaba viviendo, después porque estaba rumiando y finalmente porque estaba vomitando. Pero vuelvo a las andadas y he empezado de nuevo a convertir el vómito en arte. ¿por que no?.

Y hablando de cosas más agradables:
he escrito mi primer soneto
he recitado en público por primera vez, y eso me emociona,
y cuando los versos volaban, volé con ellos, que me guiaban a lugares muy lejanos pero muy cercanos porque estaban en mi. Y porque pese al ego de artista y filósofos algo en mi me hace amar en narcisismo, y deslumbrarme ante los ególatras. Y vuelvo a amar el arte, aunque pase por encima, trataré de no corromperlo.
Y la mujer de las metáforas me hace pensar mucho. Porque las metáforas son más amplias que las sentencia por lo tanto son expertas en decir más sobre lo que no dicen.
Y el hombre de los cohetes amarillos zumba tanto que me desorienta y así puedo orientarme de nuevo
y el filosofo que no sabe lo que es filosofía es un genio y no lo sabe, y siempre me saca sonrisas y me ayuda a crear
Y las mujeres extrañas que conmigo viven, son dignas de estudio y me entretienen, pero a menudo me sorprenden para bien.
Y aunque muerta y sin flechas siento que aun quedan cosas que no han sido corrompidas, y eso es la pureza que llevaba años ansiando.