jueves, 14 de noviembre de 2013

La levedad de la libertad

Una gran duda se ha cernido sobre mi alma estos días, y el no poder solucionarla me ha creado un gran pesar. Un pesar agridulce, una angustia incesante de esas torturas masoquistas que nos ofertan placer a un alto precio, de esas que nos producen un dualismo que nos parten el alma.

En 12 días he llenado casi otro cuaderno entero con mis poemas, esos cuadernos que no se pueden enseñar, y gran parte de ese otro que me acompaña a todas partes. Téngase en cuenta que estos cuadernos suelen durar varios meses, cerca de un año.

Durante 12 días he llevado los cordones del zapato derecho desatados. Esta es una acción que me ayuda a tomar elecciones. Pues la belleza de la representación artística de este hecho que creo haber explicado en alguna ocasión me sumerge en una determinación y una libertad peligrante en la que me siento agusto y puedo pensar con una mayor claridad.

Los cordones de lo zapatos representan la levedad del ser humano en su entorno, el ser humano es libre siempre y cuando las circunstancias no le opriman siempre y cuando el mundo al que el está sujeto, su propia conciencia no lo estirpe haciendole caer, desgastandolo en el barro siendo oprimido una y otra vez y consiguiendo que todo el universo que lo mantiene pueda tambalearse e incluso caer.

Así me siento yo cuando soy consciente de la necesidad de reflexionar sobre los asuntos que trasformarán mi vida.

Ya he tomado una decisión. Esta me parte el alma, me tortura me escuece... pero me hace libre. Yo soy la libertad, y eso en este mundo estable me convierte en el abandono. Es duro. Siento cómo si me estiraran de ámbos brazos hasta partirme por en medio. Pero nada puedo hacer por evitar lo que soy.

domingo, 3 de noviembre de 2013

El hombre de las flores

Por las mañanas, después de escribir poesía aun dentro de las sábanas, lentamente me deslizo al mundo. Me voy a observarlo. Las personas se repiten. No se quienes son, pero reconozco sus rostros. Soy incapaz de darles una identidad, pero mis ojos han vistos sus facciones antes. También he visto sus actos antes. Son similares. A diario. Se repiten, cómo estas palabras. Repetidas. una y mil veces. Fraccionadas. En mi mente. Y por eso, las fracciono en mi discurso.

Una de estas historias que se entrecruzan a diario con la mía, dejándome perpleja es la del hombre de las flores.

Todas las mañanas, observo cómo el mismo anciano, entra en la floristería que se encuentra en la mitad de la calle Matía compra un gran ramo de flores, cada vez diferente y camina sujetando el ramo amorosamente entre sus manos, hasta llegar al mismo edificio.

Nunca he esperado a ver que pasa después.

El viernes, el día de todos los santos, este hombre siguió su ritual. Pero en el día de todos los santos mucha gente camina con flores. Muchos las llevan a las tumbas de sus seres queridos. Este hombre se camuflaba entre todas estas personas, pero yo se que el compra flores todos los días. La diferencia es que este viernes tras oler el ramo de rosas que había comprado en lugar de recorrer su itinerario habitual, metió delicadamente las flores en el maletero de su coche y fue en otra dirección.

Pero las rosas no son el tipo de flores que se dejan en una tumba.

O quizá sí.

No lo se.

Así pues me dirigí al cementerio, pues adoro los cementerios en estas fechas. La lluvia de otoño y la abundancia de flores para estas fechas me parecen una de las escenas más hermosas del año.

No se que hizo el anciano, que sucedió con esas flores, ni a quién destina sus flores todos los días. Pero me sugiere muchas historias. Pero sobre todo lo que más me suscita es una pregunta.

¿es el lenguaje simbólico (cómo por ejemplo el hecho de entregar flores) algo universal (o al menos común en cada cultura? ¿O somos islas simbólicas que interpretan lo que desean y por eso siguen creando y creando más simbolismo?

En el mundo real, no se dan explicaciones del simbolismo, aunque mi mente haga esas preguntas. ¿a caso se da por hecho que se ha interpretado correctamente?

Estoy desviandome del tema: El caso es que las flores son más que simples flores.

En mi casa han comenzado a crecer unos hermosos Asfodelos, ¿las habrá plantado alguien para mi?

No lo se, pero sus semillas ya se están alojando en mi corazón