Y vuelve de nuevo la reflexión, pero creo que esta vez algo más acertada aunque algo incongruente.
¿porqué la necesidad de redención?
La redención es absurda, no hay salvación, no hay perdón posible, la venganza es indiscriminada, cómo la ira, y tras ellas la necesidad de perdón y culpa. Pero esta necesidad no tiene ningún sentido. Al igual que la motivación que causó la necesidad de la explosión no se planteó los alcances morales de sus acciones, la respuesta tampoco habría de someterse a ese rasero, pero lo hace.
Nada puede limpiar nuestras faltas. Y la tortura que conlleva la autodestrucción no es más que una estúpida forma de eterno retorno de la redención. Ni que decir queda que la tortura para redimirse de la tortura misma es necesariamente eterna, por la tanto el sentimiento de redención jamás podrá ser satisfecho esto es: la necesidad es de tortura no de redención, pero claro es mucho más difícil aceptar eso. y nos faltaría una pieza en el puzzle.
¿que queda entonces? pues la amoralidad o la aceptación de la inmoralidad, pero ambas nos devuelven al mismo punto. ¿Acaso no hay posibilidad de salvación?
El decadentismo nos lleva a esto, pero es mentira. Ni el existencialista más decadente de todos los que abogan por la inmoralidad (o una falsa amoralidad) se salva del hecho de abogar por algo. ¿cómo se redimen? En su propio arte.
Escritores, pintores, músicos, escultores de la decadencia, incluso los simples charlatanes que beben del sofismo para poder abogar por la inmoralidad. Todos hacen arte para redimirse no para vanagloriarse.
Es el doble espejo de las artes. El artista está solo cuando crea, y después muestra su desnudez, y se regodea en el impacto y en la incomprensión de dicha obra pero no por ello moraliza. El arte es el ciclo último del decadente pues al no soportar la existencia le da la vuelta a la vida, así pues en la vida primero se muestra y después viene la reflexión en soledad. ¿quizá esto sea mucho más doloroso e insoportable?
Por ese mismo motivo somos también grandes consumidores de arte, de desgracias ajenas, esas que tanto nos gustan y nos impactan ya sean por ser reprobables o deseables.
La tortura final del artista es siempre sentir la redención en el proceso creativo en el trabajo y la tortura última en la muestra de su alma para finalmente cumplir el cupo de dolor por el "pecado" y sentir con ello esa falsa sensación de redención que critíca en su propia obra.
Querría decir más cosas al respecto, pero ya me redimí hace tiempo
aunque claro no hay ya posibilidad de salvación.
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