¿y que decir me queda?
Nada.
No se por qué camino, por cuanto tiempo ni que me motiva a ello, solo se que en unas horas estaré en Roncesvalles, con mi macuto y nada más. Sin nadie más.
En soledad parto, con el fin de llegar a Santiago, a Finisterre. Caminar por un campo de estrellas en busca de a saber qué y llegar al fin del mundo.
Pues nada se, no se que me deparará el mañana, ni quien seré mañana. Un viaje en el que espero morir, y renacer en un nuevo ser. Seguiré los pasos de otros cientos de miles, anónimos, cómo yo que partieron en busca de algo, o en busca de nada, que no son nadie y que lo son todo. Una más, sin nombre, rostro ni profesión, sólo una figura más que desde la lejanía camina hasta Santiago sin nada más que lo necesario para sobrevivir. Una figura anónima más, pero viva.
El anónimo del camino es lo opuesto al anónimo del mundo. En las ciudades no somos nadie y pretendemos serlo todo. En el camino, somos todo, la esencia más pura del individuo, pero al mismo tiempo no pretendemos ser nadie. Sólo un caminante.
No voy en calidad de nada, en el camino, no soy estudiante, pobre, rica, banquera, ejecutiva, o mendiga, sólo un caminante.
Camino, camino, camino...
Ultreya
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