sábado, 17 de noviembre de 2012

Otoño

El otoño es la época de los corazones solitarios. De las almas melancólicas. Los bosques se llenan de color en esta época del año. De hecho resulta curioso cómo son precisamente los colores cálidos lo que anuncia la llegada del frío invierno.

Los solitarios caminantes de ojos hundidos pasean sin rumbo y con la mirada perdida, mirando sin ver,  oyendo sin escuchar.

Me gusta el frío, me siento en mi lugar con él. Me siento viva. y siento mi cuerpo a través de él.

Los largos y oscuros abrigos, comienzan a sustituir a los explosivos colores del verano y de la primavera. Igualándonos a todos, sumiendonos en el frío, en lo gris, en la melancolía. La espera o quizá el miedo de que el invierno llegue de una vez, de que no volvamos a sentir el calor en mucho tiempo, es lo que nos roba la sonrisa y nos detienes hermosamente en el instante previo a la depresión.
Aunque los transeúntes pasean con la mirada perdida y el alma dolorida, aunque la gente no sonríe y se limite a intentar contener el bao que produce el frío, a pesar de todo ello la llama de la calidez de los mantos de los arboles nos mantiene calientes.

Las hojas caen y arrastradas suave y delicadamente por el viento se depositan en el suelo, cómo fantasmas arrastrados por el viento viajan de un lado a otro y cómo cadáveres inmóviles se quedan bajo nuestros pues una vez comience la lluvia, porque pronto, pronto vendrá la lluvia.

Aunque el sol salga cada mañana este ya no nos calienta. y pese a ello no hay nada más hermoso que las soleadas y frías mañanas de otoño.

Aun y con todo, no puedo evitar amar el otoño, es esta de todas las estaciones la que más amo, y no sólo por su hermosura, no son sólo los árboles y el delicioso aroma a castañas asadas lo que me atrae de él. Tampoco es la melancolía, y el dolor que tan familiar me es y que tanto necesito para vivir. No es sólo eso.

Todo lo que nació en primavera llega a su ocaso, todo muere, llega a su cenit y por tanto a su final, el otoño es la más anciana de todas las estaciones, ya que el invierno está ya muerto y por tanto no le queda nada considerado cómo vida. Y la certeza y la visión de la muerte es más dolorosa que la muerte en sí.
El otoño es por tanto momento para la reflexión, para la preparación ante la muerte, para la melancolía y para que todo muera dejando así paso a lo nuevo para que pueda volver a renacer.

Y aquí estoy yo. reflexionando, melancólica, asesinando con fuerza, y dejando morir. intentando aferrarme a la vida pero con la certeza de que esta ya ha llegado a su fin. Lo que surgió en primavera ha de morir. Y curiosamente me da fuerzas. Me siento renacida. más fuerte y enérgica que nunca, más libre que nunca. Nada me ata. He renacido y ahora voy a volver a vivir.

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