jueves, 1 de noviembre de 2012

La chica del acantilado.

Gotas. Cuando un gota de lluvia cae, ya sea de manera leve, o de manera torrentosa creando lagos y riachuelos por toda la ciudad al caer se rompe en cientos de de gotitas que luego vuelven a unirse, o cae a un charco y su contenido se disipa por todo él uniéndose a todas las gotas que cayeron antes que ésta.
Pasa lo mismo con las cafeteras y su incesante goteo. También le pasa a la chica del acantilado.

He descubierto cómo todos lo días la chica de los rizos sube hasta el acantilado y cuando llega al borde rompe a llorar. La primera vez que la vi pensé que se tiraría, pero no lo hizo y todos lo días cumple religiosamente con este ritual. Cuanto más llueve y más bravía es la mar más llora y no se deja consolar.
No se que significa ese lugar para ella, ni se porque todos lo días hace esto, a menudo me pregunto ¿por que nadie se acerca a consolarla? pero todos lo días me encuentro a mi misma pasando de largo. O observandola desde la lejanía sin atreverme a acercarme.

No se porque llora. Tiene que ser increíble ser una lágrima, una gota de agua que desde el acantilado se una a la inmensidad del mar. Creo que ella se siente así, creo que ir al acantilado es cómo convertirse en esa gota. La soledad en estado más puro y de nuevo la reinserción en el bullicio de la ciudad. volar durante un breve instante para volver a formar parte del todo. Algo así cómo la muerte.

Todos lo días paso por el acantilado para ver si está y me gusta imaginar historias sobre su vida. "quizá la belleza del espectáculo marino la abrume y por eso llora" "quizá alguien zarpó dejándola a ella sola" "quizá recuerde un momento pasado de su vida cunado vivía en un barco" "quizá alguien murió en ese acantilado" "quizá..."
Todos lo días me prometo que iré a hablar con ella, pero nunca lo cumplo. No sabría que decirle, por dónde empezar, ni siquiera que esperar. Y al igual que yo cientos de personas ven a diario a gente llorando por las ciudades y no hacen nada, y no saben que hacer. pero cuando ves a alguien así no sabes actuar, e incluso aunque esta persona te contase que es lo que le causa semejante dolor estas seguro de que toda la palabrería de libro de auto ayuda no sirve para nada y sabes que puedes pasar a ser la próxima chica del acantilado.
Y yo que me paso el día entre libros cual rata de biblioteca y en todas las historias he visto miles de desenlaces diferentes y opciones de resolución para situaciones así, se que no conseguiría convencer a la chica del acantilado de nada y que probablemente yo sería la próxima chica del acantilado.

Me da la sensación de conocer a la chica del acantilado, son ya tantas las historias que en mi mente ha protagonizado. "la viuda del capitán" o "la amiga del suicida".
Hace dos días antes de que la chica llegara había una carta en el acantilado, ella la abrió y la leyó, y sonrió y desde entonces aunque va al acantilado ya no llora así que yo he dejado de mirarla.
quizás la carta fuese de un conocido y le ha traído las noticias que esperaba que el mar le revelase, quizás la carta ha sido de un completo desconocido cómo yo que harto de verla llorar ha decidido dedicarle unas palabras. No lo sé.

Hoy he ido al acantilado y la chica no estaba.
El mar es hermoso y crea sobre nosotros un influjo del que no podemos escapar, sobre todo cuando al atardecer las nubes son de color naranja.
Hoy cuando he observado la inmensidad del mar y del mundo desde el acantilado he roto a llorar, sin motivo alguno. pero eran lágrimas llenas pues yo no me sentía vacía por dentro, eran lágrimas de reflexión.
y pensaba en el amor que sentía hacía el naranja, hacia las nubes naranjas, hacia las hojas que en otoño se ponen naranjas, y también he pensado en el agua, en las gotas de lluvia, en las gotas que el mar salpicaba, en las gotas que brotaban de mis ojos.
Creo... Creo que mañana volveré al acantilado...

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