sábado, 2 de junio de 2012

Viejos

No es necesario cumplir años para hacerse viejo, no es necesario haber vivido mucho para dejar de vivir. La vejez no son las arrugas, y la sabiduria no se adquiere con la madurez.

Porque somos jovenes pero vivimos cómo viejos. Cómo viejos llenos de miedo, aburridos, hastiados, temerosos... Es la desidia la que se apodera de nosostros y la pereza la que guia nuestro camino. Es el miedo el que nos condiciona, y la razón la que nos limita a cada paso. Parece que estamos sentados observando cómo el mundo se mueve sin que nosotros participemos en él, con ganas de hacerlo, o peor aun, sin que esas ganas ya aparezcan. Sentemonos a esperar la muerte y para no pensar en ella pensemos que quedandonos sentados estamos alargando nuestra vida, nuestra no vida, nuestra contemplación del todo, pero sin unirnos a él.

La razón está para ayudarnos a sobrevivir, pero le hemos dado el uso contrario, una sobreprotección que nos impide la própia supervivencia, porque nuestros cuerpos estarán seguros, no se reasguñaran, como las rodillas peladas de los niños que aun no han encontraden proceso lógico por el que se rigé el mundo y siguen experimentando pagandolo amenudo son su propia sangre, pero nuestras almas están insatisfechas, vacías, y las llenamos de observación, y nos justificamos pensando que éste es el modo de no sufrir.

Quiero correr, saltar, colgarme de las barandillas, quiero gritar a todo pulmon, quiero pedir una bici nueva por navidad, no me importa tropezarme ni mucho menos caerme, quiero ver el mundo tal cual es. Desede la inocente mirada de un niño. Quiero quiero quiero... y no lo hago, y no lo hacemos.

Miro a los jovenes de mi generación y no veo más que cadaveres andantes, arrastrados por el viento, muertos que temen el fin de sus propias vidas de las que ya no son dueños. No hacemos nada, no decimos nada, nos limitamos a estar.

El hombre rubio que cada día se parece más a Lennon se rie de mi cuando le digo jocosamente que estoy ocupada "estando" pero bien cierto es que aunque aun conservemos la fuerza y la vitalidad de la juventud nos limitamos a eso a estar.

Somos jovnes que vivimos cómo viejos. y cada día que pasa, nos incrustamos más el la realidad irreal de limitarnos a estar en lugar de limitarnos a ser.
Esos viejos que viven jovenes, y se lamentan de no tener ya nuestra fuerza ni nuestra agilidad, darían cualquier cosa por un poquito de la nuestra que nosostros simplemete desperdiciamos en nada.

Hace un tiempo dije: "Sí pudiese vivir todas las vidas que los demás desperdician estando amargados..." ahora veo que no tengo ningún derecho. esa frase es para los viejos que viven cómo jovenes. no para nosostros los jovenes que vivimos como viejos.

La edad está en la mente, en el alm, en el corazón, en la vida, y en lo que uno haga o deje de hacer, la edad no está en las arrugas ni en la calvicie, ni en las manchas de la piel

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