martes, 19 de junio de 2012

Me guias por pasajes musicales

Amo las cuerdas del violin que tocas aunque no sepas que lo haces para mi, amo cómo deslizas el arco consiguiendo con el sonido que creas arrancarme la más grande de las sonrisas, cosa que nunca nadie logró hacer. Amo cómo deslizas tus dedos a través del teclado, rápidamente, lentamente amablemente agresivamente, porque mi corazón late al ritmo que tu le marcas.

Tiras de mi alma haciendome danzar por el mundo, y mi cuerpo de puntillas siempre va un paso por detrás de mi alma que enardecida corre tras la música en sus ansias por fundirse con ella.

No me importa que me lleves a funerales de desgarrados llantos, no me importa que me arrastres hasta un atardecer azul, no importa dónde, qué, ni cuándo, sólo importa de que manera. Hazlo así, a través de la música.
Porque estoy en el palco y tú mientras bailas con tus instrumentos, yo no existo, ni yo ni el resto del auditorio, sólo estás tú con tu violin, con tu piano, con tu mente con tu ser. Y me siento cómo una intrusa al ver que a tu lado ésta ella, y estoy yo, y nadie se ha dado cuenta de que nos cambiaste, de que la perdiste, de que me tubiste, de lo que fué y de lo que es.

Y me miras entre el gentio y al cruzarse nuestras miradas, me sonrojo, entonces tu paras de tocar y todo el mundo se vuelve hacia nosotros en espera de que algo suceda, pero no sucede nada, el tiempo se detiene. pero no nos importa y así nos quedamos conjelados, a la espera, muriendo, viviendo, helados hasta la muerte, muertos hasta volver a la vida.

La cosa más curiosa de éste mundo quizá sea que todo el auditorio se sorprende de mi reación, porque siempre ha pasado lo mismo. No me creen capaz de amar, no me creen capaz de sentir, y sin embargo están convencidos de que soy y de que miento sin fin alguno, o para protegerme de mi ser en sí. No se por que clase de monstruo me tienen.

Baila éste último waltz conmigo, las calles están a oscuras, sólo queda una farola intermitente que apenas nos permite vernos, y un dos tres y un dos tres y un dos tres. y cuando la vida de ésta última bombilla llega a su fin será nuestro momento, pero el amanecer nos sorprendó mucho antes de lo esperado.

Y si soy, y en esencia puedo ser con todas sus letras, pero en sus mentes hay una incoherencia que cómo no comprenden la solucionan achacandola a la mentira. Es cierto que no puedo amarte, jamás podría hacerlo, cómo ellos dicen amarse entre sí, pero podré sentirte cómo siento tú musica, como siento tus versos, como siento la luuvia en mi cara, cómo siento la fuerza del mar cuando me baño en la playa, como siento el viento, la noche, y al acordeonista de la esquina. Porque es a lo que el ser nos lleva, somos sentimos pero no amamos, y no te miento y nunca te he mentido.

Que pensarían de éstas confesiones todos aquellos que me creen la reina de los hielos. Quizá les dejaría tan helados cómo mi própio ser

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