Y una vez más, y vuelvo a caer, y me vuelvo a dejar ir, y camino decidida, y huyo al mismo tiempo, y me arrastra, y me guía. Porque ésto llena de asquerosa podredumbre mi ser, pero al mismo tiempo es el único modo de sobrevivir a ello.
Y una vez más para poder sobrevivir, y una vez más para seguir cayendo, y una vez más para poder soportarlo, y una vez más para poder redimirme y una vez más para decir ya basta, y una vez más para decir que sigo deseandolo, y de nuevo me lo impongo, y de nuevo huyo, y de nuevo lo deseo y de nuevo me asquea.
Y no comprendo el mundo, y dejo que él me modele, cómo el escultor de la calle tres con su hermosa virgen de barro, y amo el fluir, cómo si eternos ríos de caudalosa agua cayeran hermosamente en casacada sin atender a la gravedad, y al mismo tiempo lo odio, y me odio, y desearía acabar con todo, pero no merece la pena y nadie comprende mi obra.
Amo y odio el mundo, el mundo es un lienzo en blanco y yo estoy aquí para pintarlo, pero odio mi obra, cuan artista torturado que se dedica a quemar sus poemas hechos ya añicos. Mi único Dios es el caos, es a él al único a quien le debo lealtad.
Y miro el fuego, enciendo, apago y veo la las hogueras consumirse, y veo al fuego moribundo, y no lo alimento así que le dejo morir.
Pero somos fuertes, soy fuerte y no caeré jamás, todo se sostendrá, yo lo sostendré si es necesario, y si te vencen puedes apoyarte en mi, que seré yo quien te devuelva a la vida, insuflando de nuevo el aliento de vida en tus pulmones.
Si tu caes, y no consigo sostenerte, no derramaré ni una sóla lágrima, no te prometeré nada, en silencio te dejaré marchar, y seguiré luchando por mi.
Agarrando tu cadaver entre mis brazos, callaré cualquier lamento, cualquier grito, te cerraré los ojos, sentiré la lluvia y sentiré su tacto en mi helada piel por ambos. Y me marcharé.
Si yo caigo, no me darás la mano, no sufriras por mi. Gritaras, te arrancaras la pies a tiras, pero tampoco me dajarás irme, mientras sostienes una de mis manos agarraras mi daga cuidadosamente y apoyandola suavemente sobre mi pecho, acabaras con todo, y yo me dejaré mecer por los justos brazos de la muerte, que no hace distinciones, y nos trata a todos por igual. Pero tu te quedarás.
Pero mientras tanto seguiré pecando, y seguiré cayendo, y seguire siendo tu apoyo, y seguiré odiando y seguiré amando, y seguiré asombrandome, y seguiré saltando, y seguiré rogando, y seguiré suplicando y seguiré muriendo y seguiré viviendo.
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