El hombre escrutaba día tras día el atardecer
lo estudiaba milimétricamente, pues quería que su corazón se acompasase con el tiempo que el último rayo del sol tarda en desaparecer en el horizonte.
Playa tras playa, día tras día, lo único que éste caminante hacía en su vagar era acompasar la muerte del sol con las sensaciones de su propio cuerpo.
Este hombre no era un poeta
ni un místico
ni un artista
ni un matemático
éste hombre era un suicida
y todo su afán por comprender el tiempo que tarda el último rayo en morir, no era sino la planificación se su propia muerte
El hombre estudio matemática
el hombre se sentía artista
el hombre era llamado por la mística
el hombre quería hacer poesía
su poema era su vida en su planificación de su muerte
como obra de arte.
Así una vez hechos los cálculos matemáticos y habiendo acompasado los ritmos de su cuerpo a los ritmos del atardecer, habiendo buscado el acantilado perfecto se lanzó
observando por última vez el último yayo de sol
ahi experimentó lo sublime
toda su existencia cobraba sentido y había sido realizada
y mientras caía
ya no quería morir
pero era demasiado tarde.
Solo la caída había hecho que el sinsentido de su vida cobrase un sentido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario