¿Por que cada vez que rozo el absoluto con la punta de los dedos este termina escapándose de entre mis dedos?
Siempre que parece que me acerco al fín de esa eterna búsqueda en la que me encuentro continuamente perdida, a causa de la insatisfacción crónica que padezco que no es más que la demostración de el amor tan solo posible en cuanto que incompleto todo termina destruyéndose de maneras ya repetidas hasta la saciedad.
Por una parte parece que tengo cierta tendencia a sabotearme o peor aun, mi insatisfacción crónica, mi eterna búsqueda, es lo que me conforma, y es la búsqueda mi asidero existencia por encima de la finalidad de esta, por lo tanto cuando todo parece resuelto, vuelvo a sentir esa extraña motivación, esa inexplicable necesidad de abandonarlo todo y emprender la búsqueda de nuevo. Lo peor es que no es porque no me encuentre satisfecha con el fin, sino porque parezco necesitar la incertidumbre de una búsqueda absoluta del absoluto, sin absoluto que buscar.
Paradojas que tiene una.
Pero esta vez no ha sido ésta la cuestión que ha hecho que el absoluto huya de nuevo de mi.
Hay otro tipo de ocasiones en las que el própio absoluto se esfuerza por demostrarme su incapacidad para permanecer en el tiempo, su incapacidad de amarme, puesto que aunque absoluto, el amor es un absoluto incompleto.
Y esto también es culpa mía, porque cuando la estabilidad se consigue, y esto se hace a través de la aceptación de la mera contemplación, y la contemplación es asombro ante la belleza y el éxtasis y la sublimación que de ella devienen, mi ser parece que no puede contentarse con ello. Bueno en realidad sí, pero sólo si la belleza es inmutable, cosas que desde luego no es, puesto que todo, hasta la belleza entendida como absoluto, es dinámico. En ese dinamismo a veces la belleza, deja de ser un ideal para convertirse en algo tángible, y claro, mi débil alma humana pierde su equilibrio y necesita beberse toda la belleza, poseerla, abandonar la contemplación para absorver la posible materialización que ante ella se ofrece.
Pero esto es muy peligroso. Pues cuando la contemplación se abandona, vuelve la débilidad, u se abre un flanco al dolor. Dolor que el propio dinamísmo de los absolutos de la belleza y del amor en su incompletud por culpa de la incapacidad humana de ser uno con el absoluto sin perderse a sí, proveeran a este débil espíritu vulnerable sin el poder de la posición de la mera contemplación.
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