Ahora de nuevo como una niña pequeña arropándose entre sus sábanas antes de dormir y soñando con un mañana de ilusiones e inesperadas aventuras, miro con conciencia a esta última noche de la que he despertado. Congelaría el arropo para escapar de mi arrojo. Congelaría mi infancia para escapar de mi infantil escapar, queriendo así permanecer en mi hogar sin necesidad de salir al mundo.
Pero no puedo, ... pero no puedo.
Esta de la que acabo de despertar ha sido la última noche en los próximos tres meses que duermo en mi cama, que veo a mis seres queridos, que descanso en los seguros brazos del hogar.
Pero ya basta de mirar hacia atrás
vuelvo mi vista hacia delante, por irreal que sea la sensación que me acompaña cuando hago esto, y por ello me obligo a mirar hacia atrás.
Esta noche empieza el camino de nuevo. En unas horas volveré a aquello que llevo un año anhelado, la absoluta necesidad de volver a sentir, de volver a ser libre, fuerte, doliente, débil, frágil, ágil, torpe, amable, y borde. De ser uno y ser todos pues haber dejado de ser.
Con el sol dejar a mi espalda el este, y aunque me golpee como mi pasado marchar siempre rumbo al oeste para finalmente encontrarme con la hermosa puesta de sol de Finisterre que de cara me encuentre y me hable en mi presente de mi futuro.
No hay más tiempo que tiempo de Camino, lo demás es solo un gran intervalo de sueño, en camino me siento más viva, por eso por hermosa que pueda ser la vida en "el mundo" en "la infancia" jamás podré degustarla de la misma manera pues ante ella me muestro escéptica y como dijo Hölderlin por boca de Hiperión: "el escéptico, por serlo, encuentra en todo lo que piensa contradicción y carencia solo porque conoce la armonía de la belleza sin tachas, que nunca podrá ser pensada. Si desdeña el seco pan que la razón humana le ofrece con buena intención, es solo porque en secreto se regala en la mesa de los dioses"
Y así corro sin pensármelo hacia ese banquete que voy a regalarme, sin olvidar el dolor por lo que atrás se queda ni el dolor por lo que va a venir.
También tengo miedo, porque este camino es de todos en cuantos me e enzarzado el más compleja tanto física como emocionalmente. Pues no se si mi pobre cuerpecillo aguantará la subida y el descenso de tantas montañas y no se si mi frágil mente aguantará estar tan cerca de mi hogar y tan lejos de él encontrándose en u mismo punto.
Tengo miedo, de que mi cuerpo me diga que no sigue, o peor aun que me lo impida mi pensar, y entonces tan solo quedaría de mi una escéptica que no tiene nada que regalarse en secreto, un escalador sin asidero ni montaña, y sería como saltar de un avión sin paracaídas pero caer eternamente a un vacío sin llegar jamás a morir.
Como en un mito griego
que todas las mañanas un águila me comiese el hígado, levantar cada día una piedra para que a la noche caída, llevar el peso del mundo y no poder morir para escapar de ese sufrimiento.
Y pese a ello me voy al camino, me enfrento con un ideal en lugar de guardarlo, porque ya no soy una niña. Me voy sabiendo que puede que no vuelva, que puede que muera, o peor aun que pierda mi alma por no haber muerto. Que puede que todo caiga, y puede no encuentre ni un solo gramo de la nada que espero instalándose en mi la antimateria
Sin embargo voy al camino, porque me llama y yo acudo.
Y ningún mortal ni ningún ser divino podría darme una orden que no lo hiciese, porque yo siento en mi algo que no a engendrado ni mortal ni Dios alguno, algo que me permite decidir sobre mi propio ser aunque sea para abocarlo a la muerte.
Creo que es eso a lo que llaman libertad, pero no estoy segura porque nada implica salvo a mi misma, y esa palabra suele usarse para contraponer derechos frente a otro.
Si sobrevivo veré el 4 de Agosto en Lisboa a la señorita de la piel de serpiente
Mas no veré a nadie más hasta bien entrado Septiembre.
Más lo único que puedo decir y asegurar a todos es que siento y actuaré siempre guiada por ultreya.
Ultreya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario