Descubriendo a Benedetti, quien me ha emocionado mucho, he encontrado un poema de esos con los que te fusionas, esos que expresan mejor que uno mismo y ante uno mismo lo que uno piensa sobre lo que siente. Más aún, lo que uno desea decirle a alguien pero es incapaz de formular.
Esto es habitual con la poesía, mas como este poema ilustra a la perfección el tema subyacente a muchos de mis últimos escritos, y teniendo en cuesta la fascinación que me ha creado creo necesario mostrarlo, agradeciendo ya de paso las palabras de los poetas que consiguen emocionarme, pues, la lágrima es un acto mágico que si es desencadenada por un poema, se eleva a la categoría de divina.
Así, a dos semanas de marchar, a una semana de las despedidas y a media de los ruegos y preguntas, resumo mi necesidad de marchar en mi necesidad de perpetuar mi no salvación, y el motivo por el que nadie que busque la salvación y la seguridad ha de seguirme (ni mucho menos pedirme que me quede). Como escribí hace tiempo: acompáñame al infierno o déjame aquí, pero no me eleves como un ángel para luego dejarme caer a la tierra.
Sabes de sobra que tengo que partir, sabes de sobra que no puedes acompañarme. He aquí el poema de Mario Benedetti "No te salves":
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.
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