Cuando me dijiste que deseabas bailar conmigo eternamente recordé la suspensión del tiempo que supone un beso, un mirar a los ojos y ver el alma, una caricia a deshoras, y recorrer cada centímetro de tu piel con mi tacto.
Y todo ello supone una idea efímera aunque no por ello menos maravillosamente eterna. Pero claro tan solo es una idea. Porque tu deseas permanecer en el tiempo y yo necesito el fluir del devenir.
Y este eterno retorno, esta es la misma historia de siempre, pero mi compañero es siempre diferente. Porque yo no puedo darle a nadie la permanencia, pero puedo darle poesía.
Y te recito versos a deshoras, hasta crear esa intimidad en la que el tiempo y el espacio ya no tienen sentido, pero sí todo lo demás que en ellos se sitúa. Así cuando fundimos en uno eso que creemos que somos y llegamos al absoluto, toda nuestra vida tiene sentido, y ya no hay miedo a la muerte porque tan solo con mirarte a los ojos se que no eres distinto de mi, y que ya podría exhalar mi último aliento en es instante pues al ser eterno nada más faltaría para la absoluta unión con el todo que la libertad no engendrada por ningún Dios me permite. Pese a ello... tú no lo entiendes. Dices entender "el instante" que en mis poemas te muestro, con el que crees fusionarte, pero cuando tu miedo a la muerte vuelve, con el vuelve la necesidad de poseerme y entonces quieres que sea tuya para siempre, sin haber entendido que solo en la eternidad de lo efimero del instante puedo en efecto ser.
Y cuando llegamos a este punto es cuando yo tengo que marcharme. De hecho cada día se acerca más el día de la marcha. He de irme.
¿Por que te vas?
Porque tu quieres que me quede y por ello necesitas que mi marcha sea inminente.
Aquella fue una de las mentiras más gordas que he dicho, no porque no sea cierta sino porque mi verdadero motivo para marchar nada tiene que ver contigo, yo soy el único motor de mis pasos y ya va siendo hora de volver a desaparecer, pero no todavía, no todavía
Aun hay tiempo para un Adios, para que nos fundamos en uno con el absoluto olvidando el tiempo y el espacio un par de veces más en unos cuantos instantes que suspendan el tiempo.
Aun podemos danzar una noche más, un día más, una canción más. Aún puedo mirarte a los ojos sin lágrimas antes de decirte que ya es hora de partir.
Y entre las vueltas de la música me pierdo de nuevo, en tu olor, en tus ojos, en un beso que no llega, en un adios que se retrasa, en un instante sin tiempo
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