Quéjome quejumbrosmaente ante las incesantes quejas quejumbrosas que quejantemente se quejan a mi alrededor.
Que la vida es dura y el amor difícil, y es vedad que hay veces en las que nos conviene optar por el sufrimiento que trabajar por tan arduos fines. Que ser feliz es una empresa que quizá a muchos no les compense.
Tan solo la satisfacción y el deseo de ser amado son fáciles, sin embargo ni la una ni la otras han de ser confundidas con la felicidad y el amor
Quiero que me quieras y para ello tendré que querer quererte, pero tan solo mientras me quieras, puesto que sólo te quiero porque quiero que me quieras.
A menudo la pareja es eso, un banal intento por escapar de la soledad, sin embargo esto no es amor, y siento comunicaros que el amor es el único capaz de hacernos sobrevivir ante el inmenso sinsentido y vacío de nuestra existencia, de nuestra soledad. Pero eso es muy difícil y habrá a quién le compense la soledad.
Sin embargo por un motivo que no alcanzo a comprender las gentes creen que felicidad y amor han de ser sencillos. No mis pequeñas almas cándidas, solo la satisfacción que causa la ilusión de tener lo que no se tiene es sencilla, para lo de verdad hay que currar un poco.
Pero no, bajo el presupuesto de que merecemos la felicidad sin esfuerzo se da, en todas partes, y de todo el mundo la queja,
Y de las quejas me quejo.
¿no es absurdo el detestable estado ontológico de la queja? ¿Cómo puede una queja ser superior a la desidia y el no hacer? desde luego la queja es absurda, no hace nada por cambiar la realidad tan solo por ensanchecer la frustración.
A si que quejumbrosamente me quejo del quejante quejumbroso cuya quejumbrosa queja se me hace quejumbrosa y quejante, pues que quejumbroso es escuchar quejumbrosas quejas. De esas me quejo! de esas, me alejo.
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